En verano y a principios de otoño, los campos de cereales se secan bajo el sol, la cosecha avanza a buen ritmo y el calor estival deja las hierbas de los caminos amarillas y quebradizas. Mientras disfrutamos de las tardes al aire libre, se propaga silenciosamente una de las mayores amenazas vegetales para nuestros compañeros de cuatro patas: las espigas. Razas tan populares como el Golden Retriever, el Cocker Spaniel o los cruces de caniche con pelaje largo y denso se convierten fácilmente en el blanco perfecto de estas partes vegetales punzantes durante los meses cálidos. Asociaciones de protección animal como TASSO e.V. y veterinarios advierten cada año a finales del verano sobre los riesgos de estas duras barbas vegetales.
Una estampa habitual en el campo durante esta época: un perro lleno de energía olisquea entusiasmado al borde del sendero entre cebada silvestre y trigo, roza las espigas secas con sus orejas y, de repente, interrumpe su juego inquieto. En esta guía te explicamos por qué las espigas son tan traicioneras y cómo puedes proteger a tu compañero de forma eficaz durante todo el verano.

¿Qué son las espigas y por qué resultan tan peligrosas?
Las espigas son las prolongaciones puntiagudas y rígidas presentes en cereales como la cebada o el trigo, así como en multitud de gramíneas silvestres. Su función biológica en la planta es anclar la semilla en la tierra o facilitar su propagación al engancharse en el pelo de los animales que pasan cerca.
El verdadero peligro de las espigas reside en su morfología: cuentan con diminutas púas o barbas microscópicas orientadas hacia atrás. Cuando se prenden en el pelaje, cada movimiento del perro (caminar, tensar un músculo o sacudir la cabeza) empuja la espiga hacia adelante como una flecha, haciéndola penetrar cada vez más profundo en una sola dirección. No se desprenden solas; avanzan de forma inexorable a través de la piel, hacia los conductos auditivos, los orificios nasales o entre los dedos.
Zonas de entrada habituales y señales de alerta en el perro
Revisa con especial atención estas zonas corporales de tu perro después de cada paseo en los meses de calor:
1. Patas y espacios interdigitales
Las espigas se enredan con frecuencia en los pelos finos entre las almohadillas. En cuanto logran perforar la piel sensible, causan dolorosas inflamaciones o abscesos.
- Síntomas: Cojera repentina, lamido o mordisqueo compulsivo en una pata, enrojecimiento e hinchazón entre los dedos.
2. Conducto auditivo y orejas
Las razas de orejas caídas son propensas a recoger espigas al olfatear el suelo. Si la espiga se desliza por el canal auditivo, puede avanzar hasta perforar el tímpano.
- Síntomas: Sacudidas de cabeza bruscas y continuas, ladeo de la cabeza, rascado insistente en la oreja o gemidos de dolor.
3. Nariz y vías respiratorias
Al rastrear intensamente entre las hierbas secas, el perro puede inhalar pequeñas espigas directamente hacia el interior de la cavidad nasal.
- Síntomas: Estornudos repentinos e ininterrumpidos, frotamiento del hocico con las patas o secreción nasal por un solo orificio.
4. Ojos
Si una espiga se introduce bajo el párpado o detrás del tercer párpado, suele provocar lesiones corneales muy dolorosas con gran rapidez.
- Síntomas: Ojo cerrado o entrecerrado, lagrimeo abundante, enrojecimiento y frotamiento constante con la pata.
Primeros auxilios: ¿qué hacer ante la sospecha de una espiga?
Si al volver del paseo detectas una espiga que aún cuelga suelta del manto o permanece en la superficie de la piel, puedes retirarla con suavidad usando los dedos o unas pinzas. Tras extraerla, examina bien la zona para comprobar si existe alguna irritación.
Aviso importante: Si la espiga ya ha penetrado profundamente en la piel, en el oído, en la nariz o cerca del ojo, no intentes sacarla a la fuerza bajo ningún concepto. Corres el riesgo de partirla y dejar la punta con sus púas incrustada en el tejido. En estos casos, acude de inmediato al veterinario. A menudo se requiere analgesia o una sedación ligera para retirar el cuerpo extraño por completo y sin causar desgarros.
Consejos prácticos de prevención para el verano
Con unas sencillas pautas de precaución puedes reducir de forma notable el riesgo durante los meses estivales:
- Evita los bordes de campos de cultivo: En verano es preferible optar por senderos arbolados en el bosque o zonas verdes segadas, evitando que tu perro corra por rastrojos secos o zonas de pasto alto sin cortar.
- Revisión de patas tras cada salida: Adopta la costumbre de palpar a fondo los espacios entre los dedos, las axilas, las ingles y el interior de las orejas de tu perro en cuanto lleguéis a casa.
- Adapta el cuidado del manto: En perros de pelo largo, recorta con cuidado el pelaje que crece entre las almohadillas y alrededor de la entrada del oído durante el verano. Los veterinarios suelen recomendar mantener cortas estas zonas delicadas para dificultar que las espigas se enganchen.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Puede una espiga salir por sí sola?
No. Debido a su estructura microscópica en forma de arpón, los movimientos musculares y de la piel hacen que la espiga avance casi siempre hacia el interior del cuerpo. La expulsión espontánea sin intervención veterinaria es sumamente improbable y conlleva un alto riesgo de infección grave o flemones.
¿Qué razas de perros tienen mayor riesgo?
Los perros de pelo largo, denso o rizado y las razas de orejas caídas presentan una mayor propensión a que las espigas se enreden en su pelaje. No obstante, los ejemplares de pelo corto tampoco están exentos de sufrir clavaduras en las patas y el hocico.
¿Cuánto cuesta retirar una espiga en el veterinario?
El coste varía en función de la complejidad del caso. Si la espiga se encuentra en una zona superficial accesible, el procedimiento suele ser rápido y económico. Si se requiere sedación, endoscopia o una pequeña intervención quirúrgica para extraerla del oído o de tejidos profundos, el importe será más elevado.
Conclusión: un verano seguro y sin sobresaltos
Las espigas representan una amenaza real durante el verano y el inicio del otoño, pero mantener la atención durante las salidas y establecer una rutina de revisión al volver a casa te permitirá disfrutar de los paseos con total tranquilidad. Observa el comportamiento de tu perro y actúa de inmediato ante la primera señal de molestia, como cojeras repentinas o sacudidas insistentes de cabeza.
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